miércoles, 30 de diciembre de 2015

viernes, 25 de diciembre de 2015

sábado, 19 de diciembre de 2015

sábado, 7 de noviembre de 2015

La receptora



Hoy se despertó luego de estar más de cuatro semanas en coma. Los médicos lograron evitar cualquiera de sus movimientos. Acostada en la cama no hace más que permanecer con sus ojos brillosos contemplando la puerta de su habitación. Se ve invadida de una áspera luz artificial que refleja en las formas de lo que apenas balbucea. Trata de comunicarse moviendo la cabeza sin lograrlo. No aniquilaron sus pensamientos sólo le trasplantaron un cuerpo a su cabeza. Lo último que recuerda es su accidente, lo primero... la muerte. Caminará después de un año, atravesará exámenes, seguimientos y rehabilitación.

Conectada a la máquina de control con los electrodos en la espina dorsal ve toda su vida. No entiende mucho, piensa en que deberían darle una explicación por la presencia de un orinal masculino con asa y tapa que retira una de las enfermeras.


Una tos apagada hace que ingresen dos médicos cuando estaba con el grupo de psicólogos y algunos de sus seres queridos. No quieren sobreestimularla y algunos se retiran. Cuando la auscultan recuerda sus tetas. Ve que no las tiene. Piensa, tras los efectos de los fármacos, que todo debe ser un sueño, y siente la alegría de encontrarse son sus padres. Se emociona tanto que llora injertadamente sin ser naranjo. ¡Han perdido la cabeza!


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sábado, 31 de octubre de 2015

El leñador anarco punk


Se prendió un pucho y se fue a caminar por el bosque. Vio a tres chanchitos construyendo casas, pero le llamo la atención la muchachita de caperuza roja.

- ¡Oye niña! ¿Por dónde pasa el trece? - Refiriéndose a la parada del colectivo el lobo preguntó.
- No sé, no soy de por acá. Tengo entendido que hoy están de paro los colectiveros.
- ¿Y a dónde vas con esa canastita? ¿Qué vendés?
- Son pasteles para regalarle a mi abuela.
- Tengo mucho apetito. He estado trabajando día y noche sin probar un bocado. El bosque se estaba incendiando y lo tuvimos que apagar con otros animalitos.

Caperucita seguía caminando con miedo haciéndose la distraída. “¡Hey niña no tengas miedo!”, dijo el lobo y desapareció.

Cuando caperucita llegó a la casa de su abuela golpeo la puerta. Toc... Toc…

La abuela la hizo pasar. Le entregó la canastita.

- ¡Abuela, que ojos tan grandes que tienes! - Exclamó.
- Para mirarte mejor...
- ¡Pero... que orejas tan grandes que tienes!
- Para escucharte mejor… - La abuela era el lobo disfrazado
- ¡Qué dientes tan grandes que tienes! - Al escuchar que venía el leñador se la comió de un bocado.

Tum... tum... tum… El leñador golpeó a la puerta gritando. “Lobo ya sé que te has comido a la abuela y a caperucita”. El las escondió en su panza porque el leñador era malvado, ya había incendiado el bosque. Le abrió la panza al lobo, las sacó de allí y lo relleno de piedras tirándolo al río.


La abuela y caperucita estaban muy asustadas. Pelo el leño de carne y se las violó. El leñador estaba enfadado por el paro de colectivos y en general con la política del bosque. Colorín colorado este cuento es una menesunda.

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sábado, 24 de octubre de 2015

Un buda celeste (Vida)



Tomó la postura y meditó. Se siguió a sí mismo, a su interior plateado. Paseó por los encuentros, plantó un arco iris, descansó en su fuego. Viajó a sus cataratas de diamante saltando en una bruma de oportunidad. Oyó deslizarse a los caracoles y el cambio de las flores. Cerró los ojos al mundo y lo contempló sabiamente. En silencio cocinó para todos, halló belleza, paz, se divirtió en el momento inventando nubes. Era nada... y todo lo penetraba porque se fue un momento a la eternidad. Al develar todos los misterios supo que el sentido de la vida era hacer cosas por los otros. Amar, amar y amar...

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sábado, 17 de octubre de 2015

Mala educación


La esperaba en casa. Me estaban atormentando los pensamientos entonces bajé al garage a limar una bisagra en el banco de trabajo. La puse en la prensa y comencé a trabajar. Miraba cada tanto el reloj de pared que estaba sobre mí y ella no aparecía. Seguí limando. Cuando comencé a dejarme llevar por la tarea escuché que llegó en el auto. Miré mi pistola, ese día no me desprendí de ella mientras pensaba y repensaba situaciones. La había colocado en una caja de cartón donde tenía los tornillos de un carburador que desarmé, y unos cuantos engranajes viejos de una caja de cambio. La pistola descansaba con la punta del cañón hacia abajo, le clavé tanto la mirada que colgué la lima en el tablero. El almanaque indicaba la fecha exacta y el reloj las horas de espera.
Abrió el portón, no me di vuelta hacia atrás. Miraba las herramientas colgadas frente a mí con la pistola en mano, pero apoyándola en mi estómago para no darla a conocer. El auto entraba, lo aceleraba una y otra vez. Se bajó, lo dejó en marcha con la música alta. Hizo correr el portón que estalló al cerrarse. Apagó la música y el motor. Se escuchó el portazo pesado del coche, luego sus pasos y el ruido de unas llaves. No me daba vuelta… Ella seguía de mal humor por sus actitudes y de repente giré, le apunté al pecho, descubrí que su arma me estaba apuntando a la cabeza. Me quedé sorprendido, no sabía qué pensar.
- Vos siempre el mismo... ¿Y ahora? Dijo ella con la voz bastante elevada.
Me quedé en blanco. Estaba muy sorprendido y ella enfurecida.
- ¿Y qué tenés para decirme? Me preguntaba sin bajar la voz.
Me incliné suavemente dejando la pistola en el piso.
- ¿Esas tenías también… qué… me ibas a matar? Continúo gritando mientras me apuntaba.
Le dije con las manos en alto, entre el olor a combustible, que no era para tanto.
- ¿No? ¿Y dónde metiste la plata? Sé todo - Seguía manteniendo los gritos.
- Sé que sabes todo. Sabía que ibas a volver - Le respondí con calma y algo nervioso.
- Yo que vos no haría esto. Sabés todo pero no es lo que pensás. Otra cosa no se me ocurría decir; estaba atrapado. Bajó el arma. Suspiro mirando hacia arriba con sus brazos a los costados. Yo que ella hubiera disparado. Sabía todo sobre mí y mis actos, no merecía estar vivo.
- El auto tiene una perdida le dije - La había visto desde que me di vuelta pensé.
Miró al auto, se acercó con la pistola en la mano, estaba perdiendo aceite.
Ella todavía confiaba en mí. Me dejó a un lado cerca de mi arma; pero esta no funcionaba. La tenía para asustar, la hubiera matado ahí mismo después de haberme amenazado.
- Estaba limando una de las bisagras del granero que fue soldada. Allá en el campo te voy a dar tu parte - Le dije para evadir esa incómoda situación.
- Yo allá tengo la avioneta escondida, nos vamos juntos para Uruguay - Afirmó con calma.
Había desarmado el carburador de la misma. Los tornillos los tenía conmigo justo en la caja que estaba arriba del banco de trabajo.
- ¡Ojo con hacer cosas que no debas! - Exclamó.
- No, para nada. Estoy de acuerdo con todo lo que decidas.
Pensé para mí, “total los tornillos del carburador que desarmé los tengo yo, y en la plaza trasera de la avioneta guardé la pistola que funciona. Nunca voy a escapar a Uruguay, sería evidente que fuimos nosotros. En la oscuridad de la noche y en medio del campo seguramente te voy a hacer cambiar de opinión”.
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